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El Niño y las brechas de rendimiento: entre mitos y leyendas

Fuente: Infocampo 21/06/2026 05:40:38 hs

Una serie de ensayos realizados durante 12 campañas agrícolas en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba evaluó cómo incide el fenómeno El Niño, La Niña o neutro en el cultivo de trigo en secano.

Por Ricardo Héctor Maich

“…los mitos buscan explicar el origen del universo y los fenómenos naturales a través de dioses y seres sobrenaturales, las leyendas son relatos basados en hechos o personajes reales…” (IA).

En la información sujeta a debate, o en su defecto un intercambio de ideas, confluyen distintas fuentes, a saber: Climate Prediction Center – ONI – NOAA (www.cpc.ncep.noaa.gov), Atlas de potencial de rendimiento y brecha de rendimiento (www.yieldgap.com) y Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (FCA-UNC).

El cultivo objeto de estudio fue trigo conducido en secano. Se optó por cultivares de ciclo corto y largo sembrados en dos fechas de siembra (fines de abril-mediados de mayo y fines de mayo-principios de junio) a una densidad de 200 semillas viables por metro cuadrado.

En ocasiones fue fertilizado con urea. A nivel de cultivo se midió el rendimiento en grano (kg ha-1) y se determinó la fecha de espígazón. Desde el punto de vista ambiental se midieron la cantidad de agua útil almacenada en el suelo al momento de la siembra, la sumatoria de las precipitaciones acontecidas durante el ciclo de cultivo y las precipitaciones durante el periodo crítico del cultivo (agosto-septiembre).

Para las 12 campañas agrícolas sujetas a análisis (2014-2025) se procedió a caracterizar cada barbecho estival (enero-abril) y cada ciclo de cultivo (mayo-octubre) como Niño, Niña o Neutro. Para el periodo 2014-2021 se contó con los rendimientos potenciales y regionales.

EL NIÑO, LA NIÑA O NEUTRALIDAD

Si se toman en consideración los cuatro meses de barbecho estival (enero-abril), las 12 campañas se pueden dividir en tres tercios, con cinco barbechos marcados con el fenómeno El Niño, tres barbechos con La Niña y cuatro con neutralidad

El rendimiento medio del trigo antecedido por un barbecho estival Niño fue de 2870 kilogramos por hectárea (kg/ha), de 2.513 kg/ha cuando Niña y de 2486 kg/ha en el caso de un Neutro.

Haciendo honor a que durante el otoño y el invierno en el centro-norte de la provincia de Córdoba “no llueve”, solo dos de las 12 campañas agrícolas pronosticaron un Niño para el periodo mayo-octubre, es decir, cuando el cultivo de trigo se encontraba implantado.

En tanto hubo tres Niña y siete fueron caracterizadas como Neutro. Los rendimientos respectivos fueron los siguientes: 2683 kg/ha, 2820 kg/ha y 2537 kg/ha.

Coincidencias en el pronóstico Neutro para el periodo del barbecho estival y del ciclo del cultivo, se presentaron en los años 2014, 2017 y 2025.

El agua útil promedio almacenada en el suelo al momento de la siembra fue de 225.8 milimetros, la media de las precipitaciones durante el ciclo de cultivo fue de 146.3 mm y de 57.7 mm en el periodo crítico, el rendimiento medio para el trienio fue de 2393 kg/ha.

En el año 2015 ambos periodos se encuadraron en un Niño y los valores, respectivamente, fueron los siguientes: 245 mm, 73 mm, 26 mm y un rendimiento promedio de 2.600 kg/ha.

La Niña del 2022 arrojo respectivamente los siguientes valores: 202.7 mm, 85.5 mm, 24.5 mm y un rendimiento medio de 3169 kg/ha.

Sucintamente, un año Niño por sí solo no define rendimientos mayores a los que se alcanzarían en un año Niña. Sin embargo, un barbecho estival Niño impacta positivamente sobre cantidad de agua útil almacenada en el suelo al momento de la siembra del trigo.

BRECHAS DE RENDIMIENTO

En este caso, la información sujeta a análisis abarca el periodo 2014-2021. A los rendimientos logrados en el Campo Escuela de la universdad cordobesa se suman los regionales y potenciales.

En esta ocasión las prácticas de manejo puestas en práctica y tendientes a achicar la brecha de rendimientos fueron dos: elección de cultivares y fechas de siembra.

  • En lo que respecta al ciclo biológico del cultivar de trigo a sembrar (corto, intermedio o largo), los resultados muestran que el promedio de las dos fechas de siembra en los cultivares de ciclo corto fue de 2723 kg/ha y de 2457 kg/ha en los largos.
  • En cuanto al efecto de la fecha de siembra sobre el rendimiento en grano, el promedio de la primera fecha de siembra para los ciclos cortos y largos fue de 2655 kg/ha y de 2504 kg/ha en la segunda.

Al combinar ciclo del cultivar con fechas de siembra, de las cuatro combinaciones se destacan los ciclos cortos tanto en la primera como en la segunda fecha de siembra, el rendimiento promedio más bajo se observó al sembrar un cultivar de ciclo largo en la segunda fecha de siembra.

Al contrastar en términos porcentuales el rendimiento logrado en el Campo Escuela respecto al regional y al potencial, este resultó 17.1% superior al regional y 55.7% inferior al potencial.

Por ello, la brecha en el rendimiento de más del 50% nos pone ante el desafío de disminuir la misma recurriendo al uso de las prácticas de manejo en secano a nuestro alcance.

Como bien lo expresa Eduardo Galeano: “Por mucho que camine nunca la alcanzaré (rendimiento potencial según el autor). Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar (achicar la brecha de rendimiento según el autor)”.

Tal de acotar aún más el margen de acción con el objetivo de reducir la brecha de rendimiento en trigo cultivado en secano, dos prácticas de manejo pendientes a considerar son la densidad de siembra y la fertilización nitrogenada.

Independientemente de las condiciones ambientales pronosticadas y/o acontecidas, la densidad de siembra debería rondar las 200 semillas viables por metro cuadrado.

En lo que respecta a la fertilización nitrogenada con urea al momento de la siembra, y a lo largo de las cuatro campañas agrícolas en las que se fertilizó el trigo (2016, 2019, 2020 y 21021), el rendimiento en grano no acuso cambio alguno sea (2929 kg/ha) o no (3007 kg/ha) fertilizado.

Parafraseando a José Andrade, disponemos de un solo tiro tal de dar en el blanco y acercarnos al rendimiento potencial.  La “bala de plata” sugerida estaría compuesta por las siguientes prácticas de manejo: sembrar un cultivar de ciclo corto (por las dudas corto-intermedio), durante el segundo decanato de mayo y con una densidad de siembra de 200 semillas viables por metro cuadrado, sin fertilización alguna.

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