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Gastronomía y capacitación: en Miami, un Instituto con raíces argentinas alimenta el agregado de valor

Fuente: Infocampo 24/05/2026 07:32:08 hs

“La gastronomía es la forma más cara de vender alimentos”, señala Victoria Sade, directora del Instituto Mariano Moreno de Miami. En medio de un "boom" de demanda de productos argentinos, ofrece una salida laboral rápida para jóvenes que migran hacia Estados Unidos.

Por Raúl Cruz Moneta

Durante años, para muchos argentinos Miami fue casi un símbolo cultural asociado al turismo, las compras o el consumo aspiracional. Pero detrás de esa imagen todavía muy instalada en parte de América Latina, la ciudad fue construyendo algo mucho más profundo: un enorme ecosistema económico, gastronómico y empresarial que hoy funciona como una de las principales puertas de entrada al mercado estadounidense para miles de emprendedores latinos.

En ese proceso, la gastronomía comenzó a ocupar un lugar inesperadamente estratégico. Ya no solamente como industria de servicios o entretenimiento, sino como una plataforma de movilidad social, internacionalización y agregado de valor para productos vinculados al agro y los alimentos.

La visita de Infocampo al Instituto Gastronómico Mariano Moreno se dio inicialmente en el marco de una degustación y encuentro gastronómico realizado en Miami. Pero detrás de esa actividad apareció rápidamente una conversación mucho más amplia sobre trabajo, educación, emprendedorismo, inmigración latina y el nuevo lugar que empiezan a ocupar los alimentos argentinos dentro de cadenas globales de valor.

“Muchos argentinos ya no llegan a Miami solamente para consumir, sino para intentar construir algo”, resumió Victoria Sade, directora y dueña del Instituto.

DE EXPORTAR ALIMENTOS A EXPORTAR EXPERIENCIAS

Uno de los conceptos más interesantes que atravesó la conversación fue cómo la gastronomía empieza a convertirse en una nueva forma de agregado de valor para la producción agroalimentaria argentina.

“La gastronomía es la forma más cara de vender alimentos”, explicó Sade. Y detrás de esa frase aparece una transformación mucho más profunda que excede a los restaurantes o las escuelas de cocina.

Durante décadas, gran parte del debate argentino sobre el “valor agregado” estuvo enfocado en industrializar materias primas y exportar productos elaborados. Pero hoy empieza a aparecer otra dimensión: la experiencia gastronómica, la hospitalidad, el turismo, la marca país y el posicionamiento cultural de los alimentos.

La carne argentina quizás sea el ejemplo más visible. Cortes como la entraña o la tira de asado ya forman parte habitual de los menús premium de Miami. Lo mismo empieza a ocurrir con vinos, langostinos patagónicos, centolla fueguina, corvina negra y otros productos regionales que empiezan a ganar espacio en segmentos gourmet del mercado estadounidense.

Sade también mencionó el caso de un tambo orgánico en Luján que, tras certificar producción diferenciada, logró vender su leche a un valor significativamente superior dentro del mercado local. Y sumó además el crecimiento de proyectos como Tallo Verde —presentado en AgroManagement 2024— basado en producción orgánica de cercanía, con verduras cosechadas y entregadas el mismo día. Para ella, ese tipo de experiencias muestran cómo la trazabilidad, la calidad y el posicionamiento pueden transformar completamente el negocio agroalimentario.

“La gastronomía termina conectando muchísimas industrias: turismo, vinos, alimentos, hotelería, eventos, logística y experiencias”, sostuvo.

En ese escenario, Miami aparece como una enorme vidriera regional donde conviven empresarios, chefs, distribuidores, importadores, consumidores e inversores de toda América Latina.

UNA NUEVA GENERACIÓN QUE BUSCA INSERTARSE

La conversación también dejó expuesto otro fenómeno silencioso: el cambio de mentalidad de muchos jóvenes argentinos frente al trabajo y la internacionalización.

Durante años, emigrar muchas veces implicaba vender todo, empezar de cero y romper completamente con Argentina. Hoy, para ciertos perfiles vinculados al agro, los alimentos y la gastronomía, empiezan a aparecer caminos más graduales y conectados.

Cursos, pasantías, formación técnica, experiencias laborales y pequeños emprendimientos funcionan como puertas de entrada a mercados globales sin necesariamente perder vínculo con el país de origen.

En el caso del Instituto Mariano Moreno, los programas incluyen desde certificados técnicos de un año hasta carreras de dos años vinculadas a administración gastronómica y negocios asociados al mundo de los alimentos.

“Muchos estudiantes llegan buscando una oportunidad laboral rápida y después descubren todo un ecosistema alrededor”, explicó Sade.

Según detalló, el costo de estudiar en Estados Unidos puede rondar los 25.000 dólares para programas técnicos intensivos, pero el acceso al mercado laboral suele ser extremadamente rápido. Restaurantes, hoteles, cruceros y empresas vinculadas a hospitality mantienen una demanda laboral muy alta, al punto que cerca del 95% de los estudiantes del instituto consigue empleo durante el primer mes posterior a su graduación.

“En el mercado de oferta y demanda laboral gastronómica, el problema ya no es encontrar trabajo. El desafío es encontrar y retener buenos empleados”, resumió.

Pero también aclaró que el factor más valorado no siempre es el talento culinario. “La ética laboral, la responsabilidad y la disciplina son fundamentales. A veces pesan incluso más que el talento”, sostuvo.

MIAMI COMO PLATAFORMA Y NO SOLAMENTE COMO DESTINO

Detrás de esa dinámica aparece además un fenómeno más amplio vinculado a la transformación económica y geopolítica de los últimos años.

Durante gran parte de las últimas dos décadas, muchos mercados internacionales estuvieron relativamente cerrados o alejados de Argentina. En paralelo, el país fue acumulando inflación, pérdida de competitividad y deterioro económico que empujaron a miles de jóvenes a buscar oportunidades afuera.

Europa históricamente funcionó como salida natural para muchos argentinos gracias a la ciudadanía italiana o española heredada de sus familias. Estados Unidos, en cambio, suele operar bajo otra lógica: menos vinculada a lazos familiares o ciudadanía por descendencia y mucho más asociada al trabajo, el emprendimiento y la capacidad de adaptación.

En ese contexto, Miami dejó de ser solamente una ciudad asociada al consumo para transformarse en una plataforma económica latinoamericana dentro de Estados Unidos.

La llegada de Lionel Messi, el impacto global del Mundial de fútbol y el fenómeno reciente de Franco Colapinto en la Fórmula 1 también ayudaron a potenciar la visibilidad internacional de productos, marcas y experiencias vinculadas a Argentina.

Según explicó Sade a Infocampo, restaurantes, eventos y empresas gastronómicas comenzaron a incorporar cada vez más carne argentina, vinos premium y propuestas asociadas a la identidad cultural del país.

Desde restaurantes y hotelería hasta logística alimentaria, distribución, vinos, catering o negocios vinculados a experiencias premium, aparecen nuevas oportunidades para jóvenes argentinos que buscan insertarse en cadenas internacionales.

Y quizás ahí aparezca uno de los cambios más interesantes para una nueva generación vinculada al agro y los alimentos: entender que la internacionalización ya no necesariamente implica abandonar Argentina, sino aprender a construir puentes entre producción local y mercados globales.

DEL PERIODISMO Y LAS COMPUTADORAS A LA GASTRONOMÍA INTERNACIONAL

La historia del Instituto Mariano Moreno también refleja, en cierta forma, los cambios económicos y culturales de las últimas décadas en Argentina.

La institución fue fundada en 1963 por el padre de Victoria Sade originalmente como una escuela de periodismo. El nombre Mariano Moreno surgió por la admiración familiar hacia el prócer argentino y su rol como periodista fundador de La Gazeta de Buenos Ayres.

Décadas después, durante el auge de la informática en los años noventa, el instituto llegó a tener más de 100 sedes vinculadas a capacitación técnica y computación. Más tarde, con la expansión de señales como El Gourmet y el crecimiento de la gastronomía como industria regional, la institución comenzó una fuerte reconversión hacia el mundo gastronómico, trabajando junto a figuras como Dolli Irigoyen y Donato de Santis.

Pero la pandemia también marcó un quiebre profundo. El impacto del COVID-19 terminó provocando el cierre de la estructura principal que el instituto tenía en Argentina, especialmente en Buenos Aires, donde históricamente concentraba un gran volumen de alumnos. Antes de la pandemia incluso existía un esquema que permitía comenzar los estudios en Argentina y luego transferirse a Miami para completar programas vinculados al mercado laboral estadounidense.

Al mismo tiempo, la post-pandemia aceleró otro fenómeno que Sade observa diariamente en Miami: el desembarco de familias y emprendedores argentinos que buscan reinventarse a través de pequeños negocios gastronómicos.

En paralelo, la sede de Miami —abierta en 2012— logró consolidarse en medio del fuerte crecimiento económico y poblacional de la ciudad, especialmente por la expansión del ecosistema latinoamericano en Florida.

Y quizás esa propia historia de adaptación permanente termine reflejando también algo más amplio sobre la Argentina actual: una nueva generación que ya no mira al mundo solamente desde la lógica de emigrar o quedarse, sino desde la posibilidad de construir puentes entre producción local, talento argentino y mercados globales.

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