“Vivir mejor”: en la empresa de alimentos más grande del país, el trigo y el maíz certifican agricultura sustentable
Trece productores, que cultivan más de 280.000 hectáreas, forman parte del programa de agricultura sustentable de la gigante global Arcor. Cómo es este sello de calidad que duplicó su cobertura en los últimos años y tiene como base de una certificación internacional.
Cuando se habla de valor agregado en origen, esta empresa quizás es el mayor ejemplo al respecto: en su nombre, lleva insertos la ciudad y la provincia donde nació y desde donde se transformó en la mayor empresa de alimentos de Argentina y una gigante de alcance mundial.
Las palabras Arroyito y Córdoba conforman Arcor, la firma que tuvo su génesis en esa ciudad del nordeste de la provincia mediterránea, y desde donde se expandió hasta contar con más de 20.000 empleados en el Planeta, manejar 49 plantas industriales en Argentina, resto de Latinoamérica y África, y exportar a 120 países.
Entre otros datos relevantes, es el primer productor de caramelos duros en toda la Tierra y se estima que fabrica más de tres millones de kilos diarios de alimentos, para lo cual obviamente necesita materia prima que se obtiene en su gran mayoría de los campos argentinos.
¿Por ejemplo? Este holding es también el mayor productor de harina de maíz de nuestro país y allí se inserta otro aspecto clave que marca su proyección global: una fuerte apuesta por la sustentabilidad, que no solo se circunscribe a trabajar para reducir sus emisiones industriales o generar bioenergía, sino también a impulsar la agricultura sustentable certificada.
¿Cómo? A través de un programa que vienen ejecutando desde hace varios años, del que participan 13 productores agrícolas y que ya suma más de 280.000 hectáreas, donde se producen trigo y maíz con estrictos estándares de sustentabilidad.
AGRICULTURA SUSTENTABLE, PARA “VIVIR MEJOR”
Según señalaron desde Arcor ante la consulta de Infocampo, esta iniciativa se enmarca dentro de la Estrategia de Sustentabilidad 2030 de la compañía, denominada “Vivir Mejor”, que comenzó en 2012 bajo la idea de impulsar un programa alineado con los más altos estándares de producción agrícola sustentable.
“En 2020 le dimos forma al Programa de Producción Sustentable de Maíz y Trigo, alineado con el estándar internacional SAI-FSA (Sustainable Agriculture Initiative, Farm Sustainability Assessment). Una iniciativa mediante la cual Grupo Arcor establece como requisito que sus proveedores de estas materias primas cuenten con esta certificación”, mencionaron.
Así, para facilitar la adopción de este estándar, acompañan a los productores a lo largo del proceso, brindando capacitación técnica, asistencia y herramientas de gestión, con el objetivo de impulsar una transformación sostenida de los sistemas productivos.
En este contexto, al cierre de 2025, el programa alcanzó a 13 productores agrícolas y un total de 282.600 hectáreas certificadas, dedicadas principalmente a la producción de maíz y trigo.
“Solo en 2024 incorporamos 146.600 nuevas hectáreas al programa, lo que refleja una expansión muy significativa y el interés creciente de los productores en este modelo de producción”, resaltaron desde la multinacional de origen cordobés.
TRIGO Y MAÍZ, CON AGRICULTURA SUSTENTABLE
Puntualmente, los productores certificados bajo SAI-FSA abastecen a Arcor de maíz y trigo, dos materias primas estratégicas para sus unidades de agronegocios y de alimentos de consumo masivo.
“En nuestras plantas de agronegocios utilizamos maíz para la elaboración de jarabes, almidones, harinas, sémolas y otros ingredientes. El trigo es utilizado para la elaboración de harina que se utiliza principalmente para la producción de galletas. Estos insumos son clave tanto para nuestras propias líneas de alimentos como para clientes industriales de diversas cadenas productivas”, detallaron.
Y ampliaron: “Para nosotros es fundamental asegurar que estas materias primas provengan de sistemas productivos responsables, trazables y alineados con estándares internacionales de sustentabilidad”.
La gran pregunta en este contexto es qué prácticas deben cumplir los productores para acceder a esta certificación, y desde Arcor respondieron que el sello SAI-FSA evalúa de manera integral la sustentabilidad de la producción agrícola, abordando tanto los aspectos productivos como los ambientales y sociales.
“En términos agronómicos, promueve prácticas responsables como el manejo y la conservación del suelo, la rotación de cultivos, el uso eficiente de insumos y la incorporación de principios de agricultura regenerativa. Al mismo tiempo, contempla criterios ambientales vinculados a la gestión del agua, la prevención de la deforestación y la reducción de los impactos ambientales de la actividad agrícola”, mencionaron.
En paralelo, el estándar también incorpora dimensiones sociales y de gestión, como el respeto por los derechos laborales, condiciones de trabajo seguras, la trazabilidad de la producción y procesos de mejora continua.
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“Desde Grupo Arcor acompañamos este recorrido con capacitación técnica, asistencia a los productores y transferencia de conocimiento, entendiendo la certificación no solo como un proceso de auditoría, sino como una verdadera herramienta de transformación productiva y fortalecimiento de la cadena de valor”, insistieron.
Además, precisaron que eligieron la certificación SAI-FSA porque “es un estándar internacionalmente reconocido, robusto y ampliamente utilizado por empresas líderes de la industria alimentaria a nivel global”.
“Nos permite evaluar la sustentabilidad agrícola de forma integral, comparable y escalable, y al mismo tiempo promover procesos de mejora continua junto a nuestros productores. Además, está plenamente alineado con nuestra visión de agricultura regenerativa, con la gestión de riesgos ambientales y sociales en la cadena de valor y con las crecientes exigencias de trazabilidad y abastecimiento responsable de los mercados internacionales”, completaron.
LA AGRICULTURA SUSTENTABLE Y LA HUELLA DE CARBONO
En este contexto, si bien desde Arcor reconocen que aún no es posible atribuir una reducción cuantitativa específica de la huella de carbono exclusivamente a la certificación SAI-FSA, consideraron que está claro que las prácticas que promueve, como la mejora en el manejo de los suelos, el uso más eficiente de insumos y la adopción de enfoques de agricultura regenerativa, contribuyen a avanzar hacia sistemas agrícolas de menor intensidad de emisiones.
De cualquier manera, el aporte a la reducción del carbono está: “Este vínculo entre prácticas productivas y huella de carbono lo hemos podido validar a través del Proyecto de Carbono en los Suelos Agrícolas, que impulsamos desde 2023 junto con CREA y UPL. En el marco de este trabajo, durante 2024 confirmamos que, en los sistemas de producción de granos, la mayor parte de la huella de carbono está asociada al uso de fertilizantes, especialmente los nitrogenados: los resultados muestran que, tanto en trigo como en maíz, más del 70% de las emisiones se explican por la producción y el uso de fertilizantes”, indicaron.
Por eso, remarcaron la importancia de trabajar en la eficiencia en el uso del nitrógeno y en prácticas de manejo que permitan mejorar los rendimientos, cerrar brechas productivas y reducir la huella de carbono por tonelada producida.
“En este sentido, el programa SAI-FSA y el proyecto de carbono se complementan como herramientas clave para orientar la transformación de los sistemas agrícolas, fortalecer la competitividad de nuestra cadena de valor y contribuir de manera concreta a la mitigación del cambio climático, en línea con la nuestra estrategia de sustentabilidad”, sumaron.
Por ahora, Arcor no ha emitido créditos de carbono a partir de este programa, porque “se trata de una iniciativa de largo plazo, enfocada primero en la transformación del modelo productivo y la generación de evidencia técnica, antes que en la comercialización de créditos”.
No obstante, sí está claro que forma parte de la estrategia global de sustentabilidad de la empresa.
“El Programa de Producción Sustentable de Maíz y Trigo, junto con la certificación SAI-FSA que surge de su implementación, es una expresión concreta de nuestra Estrategia de Sustentabilidad 2030, ‘Vivir Mejor’, y en particular de nuestro compromiso con una agricultura regenerativa que permita producir más y mejor, cuidando los recursos naturales y fortaleciendo la resiliencia de los sistemas productivos”, reforzaron.
También subrayaron que, desde la División de Agronegocios, este programa cumple un rol clave al conectar el origen de las materias primas con los objetivos ambientales, sociales y económicos de la compañía.
“A través de esta iniciativa buscamos anticipar y reducir riesgos vinculados al cambio climático, a la disponibilidad y trazabilidad de las materias primas y a las crecientes exigencias de los mercados internacionales. Al mismo tiempo, promovemos la innovación agrícola, la adopción de mejores prácticas productivas y la mejora continua del desempeño ambiental y social de nuestra cadena de valor primaria”, valoraron.
Y cerraron: “En definitiva, se trata de bajar la estrategia de sustentabilidad a territorio, integrándola de manera efectiva en la toma de decisiones del negocio y generando valor compartido tanto para la compañía como para los productores y las comunidades con las que trabajamos”.
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