Las semillas y la propiedad intelectual: Argentina pierde por goleada en genética de soja frente a Brasil
Por cada millón de hectáreas de soja plantadas, el productor brasileño, que paga regalías, dispone anualmente de 6,6 nuevas variedades, mientras que el argentino solo de dos. Es decir, la oferta de genética para Brasil resulta 3,3 veces superior a la local.
Especial para Infocampo
En medio del debate por la adhesión o no de la Argentina al convenio UPOV 91, y sabiendo que el eje de dicho de debate son los derechos de propiedad intelectual en soja, o mejor dicho qué garantía tiene quien innova y desarrolla germoplasma y eventos biotecnológicos en las semillas de poder recuperar y ganar dinero con esa inversión, parece adecuado comparar la situación de Brasil y la Argentina en la materia.
Ambos países tienen un catálogo nacional de cultivares donde los obtentores registran las nuevas variedades vegetales.
En el caso de la soja, en los últimos tres años en Brasil se inscribieron 954 cultivares, mientras que en la Argentina 102. Una abrumadora diferencia de 9,4 veces en favor de la mayor economía del Mercosur.
Pero automáticamente se puede argumentar que la superficie brasileña es muy superior a la de la Argentina y efectivamente es así. Mientras en estos tres años la superficie sojera brasileña rondó las 48 millones de hectáreas, en la Argentina rondó las 17 millones, una diferencia que es 2,8 veces mayor. O sea que, no llegando a triplicar el área sembrada argentina, ¡en Brasil inscriben 9 veces más variedades de soja!
De manera que, por cada millón de hectáreas de soja plantadas, el productor brasileño dispone anualmente de 6,6 nuevas variedades de soja, mientras que el productor argentino solo de dos. Es decir, la oferta de genética de soja para Brasil resulta 3,3 veces superior a la Argentina.
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LOS RINDES DE SOJA EN ARGENTINA VS. BRASIL
Lo concreto es que, en los tres primeros años de este Siglo, el rinde promedio nacional de soja en ambos países era muy similar, en torno a los 2.700 kg/ha.
En cambio, en los últimos tres años el rinde promedio de Brasil se elevó a 3.525 kg/ha mientras que el argentino se quedó en 2.851 kg/ha, con una diferencia de 674 kg/ha a favor de Brasil.
Si en la Argentina la productividad hubiera avanzado al ritmo de la brasileña, hoy con la misma superficie sembrada, nuestro país estaría produciendo arriba de las 60 millones de toneladas, en lugar de las actuales 50.
Y la cuestión de la soja de segunda no es razón para el pobre desempeño individual, ya que la proporción respecto de la siembra total se mantiene relativamente constante a lo largo del tiempo.
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De todos modos, es cierto que existen otros factores para explicar el estancamiento del rendimiento, pero de seguro que no se puede excluir la cuestión genética.
Brasil posee una cantidad abrumadoramente mayor de programas de mejoramiento que la Argentina, y sin duda eso se debe a que hay un retorno económico a la inversión en investigación y desarrollo. Incluso el productor brasileño dispone de tecnologías que en la Argentina están ausentes.
El año pasado se anunció en los Estados Unidos el lanzamiento de un nuevo evento con más resistencia a herbicidas, para mitigar el problema de las malezas resistentes, que incrementa el costo del cultivo.
La compañía que lo lanza registró en Brasil 128 nuevos cultivares en estos últimos tres años, mientras que en la Argentina, solo ocho. ¿A dónde creen que llevará esta tecnología?
La Argentina y la dirigencia política encargada de determinar los marcos normativos tiene solo dos opciones: o dejar todo como está para seguir asistiendo al decaimiento del principal complejo exportador argentino, o hacer algo concreto para devolverle algo de la competitividad perdida en los últimos años.
Y respecto de este último punto no hay que atar el tema propiedad intelectual al de retenciones, que si bien son dos cuestiones fundamentales para la cadena de valor, sus soluciones corren por carriles distintos.
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