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“No es jugo de uva”: el vino sin alcohol busca romper prejuicios y tiene al malbec argentino en la mira

Fuente: Infocampo 09/05/2026 07:36:21 hs

En Vinexpo Américas, el debate por el la ola expansiva de los vinos desalcoholizados se hizo presente. Un experto internacional ratificó que es una tendencia sin freno y reconoció que es un método de producción que requiere múltiples desafíos.

Por Raúl Cruz Moneta

En Vinexpo Americas, una de las discusiones más incómodas —y al mismo tiempo más prometedoras— para la industria vitivinícola global gira alrededor del vino sin alcohol.

Mientras algunos productores tradicionales todavía lo observan como una amenaza cultural, otros empiezan a verlo como una herramienta de supervivencia frente a un consumidor que cambia hábitos, reduce el consumo de alcohol y exige nuevas experiencias.

En diálogo con Infocampo, Jerome Schehr, fundador de The New Wave Company, explicó por qué esta categoría dejó de ser una curiosidad para transformarse en un negocio estratégico y por qué está mirando hacia el Malbec argentino para sus próximos desarrollos.

VINOS SIN ALCOHOL: LOS APRENDIZAJES QUE DEJÓ LA CERVEZA

En los pasillos de Vinexpo Americas, Schehr repitió una comparación que, según él, explica gran parte de lo que está ocurriendo en el negocio.

Desde su punto de vista, el vino sin alcohol atraviesa hoy el mismo proceso que vivió la cerveza hace unos 15 años.

“La cerveza sin alcohol ya representa cerca del 10% del mercado global; el vino sin alcohol todavía está alrededor del 1%”, explicó.

Para Schehr, ese desfasaje demuestra que todavía existe un enorme espacio de crecimiento impulsado por consumidores más jóvenes, especialmente la Generación Z, y también por personas que deciden reducir el consumo de alcohol por salud o estilo de vida, pero que no quieren abandonar el ritual asociado al vino.

Según su visión, el fenómeno ya dejó de ser una moda marginal y empieza a convertirse en una categoría estratégica para una industria que necesita reconectar con nuevos consumidores.

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LOS DESAFÍOS DE “DESALCOHOLIZAR” EL VINO

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista apareció cuando Schehr intentó desmontar uno de los prejuicios más repetidos sobre la categoría.

“No es jugo de uva”, aclaró varias veces.

Según explicó, el proceso comienza siempre con un vino terminado y de alta calidad, que luego atraviesa una segunda etapa técnica para retirar el alcohol intentando conservar aromas, textura y estructura.

“Si entra basura, sale basura”, resumió al remarcar que no se puede obtener un buen vino sin alcohol utilizando vinos mediocres como base.

Además, explicó que el procedimiento es más costoso que la elaboración tradicional porque implica una doble producción y una pérdida aproximada del 15% del volumen original durante la extracción del alcohol.

“Eso de que el vino desalcoholizado era una moda ya no va más: es una tendencia consolidándose”

La directora de Vinexpo, Grace Ghazale, coincidió con esa mirada y reconoció que hoy el gran desafío técnico sigue siendo el vino tinto.

Mientras los rosados y espumantes —especialmente de regiones como Provenza— logran mejores resultados, mantener equilibrio y profundidad en un tinto sin alcohol todavía representa una de las fronteras más complejas para la industria.

¿POR QUÉ EL MALBEC ARGENTINO LLAMA LA ATENCIÓN?

Es justamente en ese punto donde Argentina aparece en el radar. Durante la entrevista, Schehr reveló que está buscando vinos tintos argentinos para futuros desarrollos de desalcoholización y mencionó específicamente el potencial del Malbec por dos características técnicas: estructura y concentración frutal.

“Estoy buscando un buen tinto para desalcoholizar y pensé en los vinos argentinos por su cuerpo fuerte y mucha fruta”, señaló.

Según explicó, esas cualidades ayudan a conservar equilibrio y personalidad después del proceso de extracción del alcohol, evitando que el resultado final pierda identidad o se perciba como una bebida artificial.

La búsqueda abre una oportunidad inesperada para bodegas argentinas que hoy necesitan encontrar nuevos canales de exportación y nuevos perfiles de consumidores. En un contexto global donde el consumo tradicional muestra señales de desaceleración en varios mercados maduros, la categoría “no-low alcohol” empieza a ganar espacio en restaurantes, cadenas gastronómicas y consumidores jóvenes que buscan experiencias más compatibles con hábitos saludables.

“El vino sin alcohol es una alternativa, pero es difícil que prenda: es como bailar con la hermana”

UNA PREOCUPACIÓN DETRÁS DE LA TENDENCIA

No obstante, más allá del negocio, Schehr plantea la desalcoholización como una herramienta de supervivencia para la vitivinicultura europea.

En países como Francia, la caída del consumo ya provocó reducción de producción e incluso programas de erradicación de viñedos, una situación que el empresario considera alarmante para el futuro de la industria.

“Necesitamos convencer a los jóvenes de seguir consumiendo vino o productos derivados del vino”, sostuvo.

Actualmente, The New Wave Company produce unas 100.000 botellas anuales dentro de la categoría sin o bajo alcohol y proyecta que ese segmento represente cerca del 30% de su portfolio en los próximos cinco años.

En Vinexpo Americas, el debate generó una lógica incomodidad entre sectores tradicionales, pero empieza a quedar claro que la discusión dejó de ser ideológica para transformarse en una conversación estratégica sobre cómo sostener el negocio vitivinícola global en un escenario donde los hábitos de consumo cambian cada vez más rápido.

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