Valor agregado inclusivo: en Salta, la banana de descarte se transforma en harinas sin gluten
Una comunidad salteña, junto al INTA, logra transformar fruta que no ingresaba al circuito comercial en harina. El desarrollo abre oportunidades para el cultivo de banana y ofrece una alternativa nutritiva para personas que requieren dietas libres de gluten.
En el norte argentino, el cultivo de banana sumó un nuevo capítulo productivo que combina agregado de valor, desarrollo social y alimentos saludables.
En la comunidad Tupí Guaraní Iguopeigenda, ubicada en Río Blanco Banda Sur (Salta), familias productoras comenzaron a transformar banana descartada en harina sin gluten, un alimento que ya despierta interés comercial y se proyecta como una alternativa nutritiva para personas con intolerancia al gluten.
La iniciativa surgió con el acompañamiento técnico del INTA Yuto y financiamiento provincial, lo que permitió que 10 familias rurales desarrollen un esquema de producción comunitaria capaz de aprovechar fruta que anteriormente quedaba fuera del circuito comercial por cuestiones estéticas o de calibre.
“La fruta que no se vendía terminaba generando pérdidas económicas para los productores. El objetivo fue convertir ese descarte en un producto con valor agregado desde el origen”, explicó Claudio Ortiz, técnico del INTA Yuto, quien destacó el impacto del proyecto en la sustentabilidad del cultivo de banana en la región.
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El desarrollo permitió transformar un excedente agrícola en un alimento funcional, ampliando las posibilidades productivas del cultivo y generando nuevas oportunidades para pequeños productores bananeros.
LA BANANA, CON UN NUEVO USO SUSTENTABLE
Uno de los ejes centrales del proyecto es la elaboración de harina de banana destinada a personas celíacas o que deben consumir alimentos libres de gluten.
El producto se destaca por su versatilidad culinaria y por su perfil nutricional, lo que impulsa su creciente demanda.
La harina obtenida presenta alto contenido de almidón resistente, un componente que contribuye a mejorar el metabolismo y favorece la salud digestiva. Además, posee bajo índice glucémico, característica que la convierte en una opción apta para personas con diabetes.
En ensayos culinarios, las familias elaboraron pizzas, budines, cupcakes y alfajores, demostrando la capacidad del producto para adaptarse a distintas preparaciones sin gluten. Los primeros lotes comercializados en la región tuvieron una recepción positiva y comenzaron a registrarse pedidos desde provincias como Córdoba, Mendoza y Chaco.
“La demanda crece y eso nos motiva a seguir desarrollando el emprendimiento”, expresó Ortíz, integrante del proyecto comunitario, al remarcar el potencial del producto en mercados especializados en alimentos saludables.
POTENCIAR EL CULTIVO DE BANANA
El salto productivo del proyecto se concretó durante 2025, cuando la comunidad accedió a equipamiento clave a través de un programa socioproductivo del Gobierno de Salta. La incorporación de un deshidratador, molino y envasadora permitió organizar la producción comunitaria y mejorar la calidad del producto final.
Actualmente, el rendimiento oscila entre el 10 % y el 15 % de harina por kilo de banana procesada, una relación que convierte a la industrialización del descarte en una alternativa económicamente viable para productores bananeros.
“Gracias a este equipamiento se pudo consolidar el emprendimiento y avanzar en un esquema productivo que permita generar ingresos sostenibles”, señaló Ortiz, quien subrayó que el trabajo se orienta a fortalecer el agregado de valor en origen y diversificar el destino del cultivo.
Además, el equipo técnico acompaña a la comunidad en la formalización del producto bajo normas del Código Alimentario Argentino. El proceso incluye la caracterización nutricional, la definición de un nombre comercial y el registro de marca, pasos fundamentales para ampliar su inserción en mercados formales.
“La aceptación fue excelente. Ahora el desafío es escalar la producción con identidad propia y respaldo normativo”, remarcó el especialista del INTA.
EDUCACIÓN Y ARRAIGO PRODUCTIVO
El impacto del desarrollo trasciende lo productivo y comienza a generar efectos en la formación de jóvenes vinculados al sector agroalimentario.
La experiencia fue incorporada en instituciones educativas de la región, con el objetivo de promover el conocimiento sobre los cultivos locales y sus posibilidades de transformación industrial.
Según detalló Ortiz, el proyecto comenzó con estudiantes de la Tecnicatura en Tecnología de los Alimentos y posteriormente se replicó en el Colegio Secundario N° 27 El Bananal, en Yuto, donde alumnos presentaron harina de banana en una feria de ciencias.
“El objetivo es que los jóvenes se apropien del valor de los cultivos regionales y puedan ver en ellos una oportunidad concreta de desarrollo”, afirmó el técnico.
La experiencia demuestra cómo el cultivo de banana puede integrarse a cadenas de valor innovadoras que reducen desperdicios, generan alimentos saludables y fortalecen el arraigo rural.
En un contexto donde crece la demanda de productos sin gluten, la harina de banana aparece como una alternativa que combina inclusión alimentaria, sustentabilidad productiva y desarrollo comunitario.
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